El Universal/Cultura
Si hubiera un canon de la literatura de
ciencia ficción, Ray Bradbury sería uno de los pilares; sin embargo, su
grandeza está más allá de esa etiqueta. El autor de Crónicas marcianas y
Fahrenheit 451, que murió ayer a los 91 años, es calificado como uno de
los grandes cuentistas norteamericanos de la segunda mitad del siglo
XX, se trata de un gran prosista y un escritor sin adjetivos; un
narrador de gran poder verbal.
El maestro de la ficción y la
fantasía, que transformó sus sueños de infancia y temores de la Guerra
Fría en marcianos telepáticos y monstruos marinos enfermos de amor, que
plasmó la visión desoladora de un futuro distorsionado en el cual los
bomberos queman libros, “será inmortal, no sólo por su valiosa e inmensa
obra, sino también porque hay un cráter y un asteroide bautizados en su
honor, y tiene una estrella, no en el espacio, sino en el Paseo de la
Fama de Hollywood”, señala Miguel Ángel Fernández Delgado, estudioso
mexicano de la ciencia ficción.
Allí, el narrador que saltó a la fama en
1953 con Fahrenheit 451, la novela en la que relata una sociedad
totalitaria y antintelectual que quema los libros, dijo: “Me dediqué a
escribir cuentos cortos porque me di cuenta de que hay muchos cuentos
cortos malos”. También ese día solicitó: “Permítanme vivir por siempre,
bendiciones a todos”.
Renovador del género corto
Y vivió y escribió mucho, y se situó
como uno de los grandes prosistas del siglo XX, tal como lo confirma el
narrador mexicano Alberto Chuimal. “Hace falta que se le considere no
nada más un escritor de ciencia ficción, que lo fue, sino también un
gran prosista, un gran artesano, un gran creador de prosa narrativa; es
de los grandes autores estadounidenses del siglo XX simplemente por esa
prosa que no tiene parangón ni dentro ni fuera de la ciencia ficción”.
Para Bernardo Fernández, BEF, autor de
varias historias de ciencia ficción y fantasía y coordinador de más de
una antología sobre el género, Bradbury es fundamental para la
literatura norteamericana y para su propia formación. “El primer libro
que leí fue Fahrenheit 451 de Bradbury, imagínate si no tendría una
influencia en mi trabajo”.
BEF afirma que Bradbury establece
diálogos tanto con Jorge Luis Borges como con Juan José Arreola y va
teniendo vasos comunicantes con la literatura mexicana, ya sea dentro o
fuera de los subgéneros. “Sin duda es uno de los grandes cuentistas
norteamericanos del siglo XX, quitándole etiquetas. Estuvo activo más de
60 años y publicando y esto trasciende las fronteras temáticas, por lo
menos para mi generación de fantasistas, de ficción especulativa era
como un abuelo que siempre está y ahí estará porque queda una obra
pródiga, generosa y muy abultada”.
Queda su gran pasión con México, por la
cultura popular que conoció en su infancia en Los Ángeles y de la que
dejó constancia en sus cuentos.
Leerlo a profundidad
Su muerte quizás permita que la obra
completa de Bradbury sea recuperado desde la profundidad, al menos así
lo espera el narrador Mauricio Montiel Figueiras: “Ir mas allá de
Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas, que son lecturas obligadas para
cualquier lector con mínimo conocimiento de la literatura
contemporánea”.
Montiel Figueiras dice que no hay que
olvidar que Bradbury fue uno de los grandes cuentistas norteamericanos
de la segunda mitad del siglo XX. “Siempre lo he puesto a la par de un
Salinger por ejemplo. Autores como Bradbury realmente renovaron el
género cuentístico, sean o no de ciencia ficción o de fantasía, sus
relatos se sostienen por sí solos, un poco me hace pensar en Julio
Cortázar otro autor que renovó la cuentística contemporánea y Bradbury
también fue un renovador del género corto”.
Mientras Miguel Ángel Fernández asegura
que Bradbury ha sido definido como la voz perdida de la infancia y un
escritor que tejió metáforas de extraña belleza y creó imágenes de
belleza inédita en la mente de sus lectores; Alberto Chimal dice que
Bradbury quería escribir una literatura que pudiera llegar a un grupo
más amplio de lectores yser leído con menos prejuicio, “una de sus
grandes aportaciones es que logró junto con un grupo de autores, darle
una respetabilidad a un tipo de imaginación fantástica como antes no la
tenía”.
El narrador que lo mismo ejerció él
cuento y la novela, que el teatro y el guió para televisión y para cine,
es sin lugar a dudas “uno de los escritores de la mitad de siglo XX que
se seguirán leyendo no sólo en el XXI sino en adelante; sobre todo sus
dos libros canónicos y vertebrales que son Crónicas marcianas y
Fahrenheit 451, quizás los más conocidos, confirma Mauricio Montiel
Figueiras.
BEF dice que tal vez ahora sea posible
ver la auténtica dimensión de Bradbury en la literatura mexicana, pues
no hay duda que para las letras de Estados Unidos “murió un gigante de
la narrativa norteamericana”.
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