El Universal/Cultura
Si hubiera un canon de la literatura de
ciencia ficción, Ray Bradbury sería uno de los pilares; sin embargo, su
grandeza está más allá de esa etiqueta. El autor de Crónicas marcianas y
Fahrenheit 451, que murió ayer a los 91 años, es calificado como uno de
los grandes cuentistas norteamericanos de la segunda mitad del siglo
XX, se trata de un gran prosista y un escritor sin adjetivos; un
narrador de gran poder verbal.
El maestro de la ficción y la
fantasía, que transformó sus sueños de infancia y temores de la Guerra
Fría en marcianos telepáticos y monstruos marinos enfermos de amor, que
plasmó la visión desoladora de un futuro distorsionado en el cual los
bomberos queman libros, “será inmortal, no sólo por su valiosa e inmensa
obra, sino también porque hay un cráter y un asteroide bautizados en su
honor, y tiene una estrella, no en el espacio, sino en el Paseo de la
Fama de Hollywood”, señala Miguel Ángel Fernández Delgado, estudioso
mexicano de la ciencia ficción.